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Desarrollo individual y social

Foto de Christian Stangier con licencia CC

Foto de Christian Stangier con licencia CC

Velkley decía que la cultura es la “cultivación del alma y la mente”, es decir que para lograr un aprendizaje debemos ampliar nuestra mente a cosas nuevas con formación, práctica y trabajo. En este proceso de aprendizaje existen múltiples factores, pero creo que la educación y los gestores culturales juegan un papel crucial, como agentes que nos socializan, y que nos vinculan a la vida en sociedad, ya que el hombre sólo puede convertirse en individuo si está dentro de una colectividad.

Los gestores culturales son los que logran que los museos adquieran un papel mediador entre la obra y el público. De esta forma se perciben como lugares donde el visitante puede vivir una experiencia directa con el arte, y así favorecer la reflexión sobre el mundo a través de la mirada de otros artistas. En algunas instituciones, el papel de mediador se lo han tomado al pie de la letra, e intentan transformar al visitante en usuario que experimenta directamente sensaciones, obligándole a pasar por circuitos, donde tienen que atravesar túneles de plástico, intentando que de esta manera se impliquen y experimenten sensaciones.

Sin embargo, el arte no es sólo experimental, sino que también es intelectual. Se necesitan conocimientos que ayuden a cuestionar, a reflexionar sobre los planteamientos propuestos por los artistas y por esto la labor del gestor cultural debería ir por ese camino, ofreciendo contenidos culturales sólidos, proponiendo cuestiones que hagan “despertar” a la ciudadanía desde el rigor y la responsabilidad.

Con respecto a la educación, estudios de la Fundación Botín han demostrado que una educación rica en artes y creativa aumenta las posibilidades de que los alumnos cursen estudios superiores, consigan mejores empleos y que sus comportamientos sean más cívicos.

Los niños nacen con una alta capacidad de aprender, pensar, vivir e interactuar con el mundo de forma creativa. Sin embargo, cuando los niños empiezan a relacionarse con el mundo, la comparación, el etiquetado, la clasificación y la crítica impiden su desarrollo, y para cuando son adultos se les han adormecido algunas de sus capacidades innatas, que sólo a través de estímulos adecuados florecerán de nuevo.

Debemos fomentar una sensibilización primaria, y esto se consigue dando acceso desde pequeños a la música, al canto, al dibujo, a los libros, etc. Así, meditarán sus gustos, y sus decisiones estarán vinculadas a éstos, haciendo que se motiven de una forma intrínseca.

Además, los gestores culturales deberán promover una cultura basada en los contenidos, profundizando en las esencias, con creatividad e innovación. Sólo de esta forma y con mucho esfuerzo conseguirán emocionar a la sociedad promoviendo un desarrollo no sólo a nivel individual sino social.

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