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La vida es creativa

Henri Matisse Creative Commons

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A principios del Siglo XIX, artistas como Van Gogh, Matisse o Picasso rompieron con el pasado, distanciándose de los gustos de la sociedad de su tiempo  dejando de transmitir lo que veían para divulgar los sentimientos. Es en este momento, cuando el artista no sólo muestra un pájaro o una puesta de sol, sino su verdad. Y para conseguirlo se plantea hipótesis, prueba, se arriesga y desde la crítica, elige un camino. En definitiva, utiliza su ingenio para llegar a un objetivo que en muchos casos no sabe exactamente cuál es, o simplemente consiste en esa búsqueda.

Durante mucho tiempo, se pensó que la creatividad sólo correspondía a los artistas o científicos. Sin embargo, nuestra experiencia nos demuestra que la vida es creativa,  es un viaje de principio a fin, donde se producen muchos altibajos, pero en nuestras manos está tomar un camino u otro. Son nuestras acciones las que materializan nuestros deseos, sueños e ideas que surgen de nuestra creatividad.

Nuestra vida se puede caracterizar por la realización de las mismas rutinas, actitudes, comportamientos. Y este falso confort, asentado en la sociedad, nos impide ampliar nuestra visión del mundo, enriquecernos con otros puntos de vista y modificar nuestros hábitos mediante la observación, la experimentación, el aprendizaje y la comparación.

Los artistas nos movemos en una zona que podríamos llamar “mágica”, donde todos los días se plantean grandes retos. Para nosotros, cambiar significa desarrollo. Las motivaciones son internas y estamos en constante búsqueda. Somos conscientes de que nos queda mucho por aprender, por eso disfrutamos con la investigación de otros puntos de vista de escritores, pintores o escultores. Ésto hace que se ponga en funcionamiento el motor interno que todos tenemos, pero al que hay que saber entusiasmar.  Y en este caminar nos surgen dudas, temores de si la dirección elegida es la correcta. Sin embargo, estos miedos se disipan cuando nos damos cuenta de que el equivocarse significa que hemos elegido algo por nosotros mismos, y que por tanto no aceptamos que otros decidan sobre nuestras vidas. Es decir, no nos dejamos llevar por modas o convencionalismos.

La cultura debe ser el motor de una búsqueda personal capaz de dirigir nuestras acciones que nos permiten alcanzar las metas, preguntándonos qué es lo que nos motiva, por qué y para qué lo hacemos . En libros como “Mactbeth”, “Proverbios del Infierno” o “Fausto”, encontramos las claves para soñar, disfrutar y desarrollar nuestras capacidades. Tenemos que confiar en nosotros mismos, en nuestras facultades. Como decía Séneca, “no nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”.


Publicado en El Diario de Ávila en octubre del 2012

 

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