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Esencias

Antoni TàpiesDurante el Siglo XIX, los libros y la prensa eran las principales herramientas utilizadas para atestiguar lo que acontecía en los momentos clave de la historia, puesto que la realización de retratos sólo estaban al alcance de los grandes aristócratas. Sin embargo, la invención de la fotografía por los hermanos Lumière hizo que la imagen se democratizara, promoviendo cambios en la cultura, el arte y la ciencia. Y esta democratización hizo que, poco a poco, incorporáramos la imagen como algo primordial en nuestras vidas.

Un ejemplo de ello, es la masiva utilización de la cámara de nuestros teléfonos móviles, o el hecho de que las empresas inviertan grandes sumas de dinero en campañas publicitarias, intentando que la gente se identifique con su imagen de marca y consuma sus productos.

Pero esto no sólo afecta al consumo, sino también a las relaciones personales. En muchas ocasiones, guiados por esta sociedad de la imagen, nos dejamos llevar por las apariencias externas en vez de intentar profundizar en aspectos realmente importantes, que son los que orientan los comportamientos hacia la consecución de nuestros sueños inmateriales.

Este hecho también lo podemos relacionar con la forma en que disfrutamos una obra de arte. En ocasiones nos dejamos llevar por esta cultura de la imagen, que nos impide llegar a las esencias, valorando sólo aspectos como el color o el acabado. Sin embargo, detrás de cada producción artística existe un mensaje que hay que saber descifrar y que va más allá de lo explícito.

Al acercarnos a la obra de Tàpies nos damos cuenta de que bajo esos acabados accidentales existe un interés por la materia, la tierra, el polvo, los átomos; como si nos quisiera mostrar que el conocimiento se adquiere mediante la disolución de la totalidad del mundo, en la percepción de lo minúsculo y leve. La verdadera realidad de nuestro entorno está hecha de moléculas indivisibles, de esencias.

Sus trazos espontáneos e inacabados muestra la necesidad de dejar que las creaciones o las personas puedan desviarse del camino trazado con el fin de garantizar su libertad. Sus muros son una visión mística de la muerte, ya que ésta es vencida por quien se eleva a la contemplación universal a través de la meditación del intelecto, lo que nos permite actuar definiendo nuestro proyecto de vida que marca la dirección de la propia existencia.

Debemos liberarnos de falsos prejuicios porque así podremos alcanzar un conocimiento auténticamente real, lo que denomina Platón avanzar en los asuntos del amor: “Consiste en partir de las cosas bellas de este mundo y… ascender siempre, de los cuerpos bellos a las conductas bellas y de las conductas a los saberes hasta concluir… en el conocimiento de la esencia misma de la Belleza”.

Publicado en El Diario de Ávila el 23 de enero del 2013

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